viernes, 7 de marzo de 2014

Volar.

El día ha llegado, es momento de saltar al otro lado del mundo. Si bien mi vuelo despega a las 12:45 pm, la inquietud es inmensa y he despertado desde las 6:30 am. Me visto, termino de arreglar mi maleta, y espero a que la hora de irme llegue. Me despido de quienes son mi familia en la gran ciudad; uno de ellos me acompaña hasta la parada de la ruta que me llevará al aeropuerto. Un fuerte abrazo, que me dé abasto para los siguientes seis meses. Dos semanas atrás he tenido que despedirme de papá y mamá, y mi hermana vino de visita hace un par de días, por el mismo motivo. 

Cuando menos lo esperaba, ya me encontraba deambulando en el "Benito Juárez", intentando localizar la sala para registrarme y a mi maleta. F1... F2... F3 Iberia, British Airways... Que hermosa coincidencia... "No te distraigas"; debo caminar hasta el fondo para encontrar el registro. Al llegar, lleno un formulario y procedo al mostrador para recibir el boleto final y dejar la maleta. Ella está listísima, ya va hacia el avión. 

Me siento a esperar, y escucho que alguien grita mi nombre; es Lilián, acompañada de sus papás. Los saludo, y voy con ellos hacia el mostrador para que ella se registre. Terminado eso, la familia León Escobedo va por algo de desayunar... No tengo mucha hambre, el nervio es enorme, y creo que vomitaré cualquier cosa que entre a mi estómago. 

Después de esperar por cerca de cuatro horas, es momento de ir hacia la sala de despegue. Me despido de los papás de Lilian brevemente, para que ellos se tomen su tiempo. Sala G22, ahí es donde debemos estar, listas para cuando anuncien nuestro vuelo. ¿Otro formulario? Aduana... No, no tengo  conmigo más de 10,000 dlls. Quisiera. Grupo uno... grupo dos... grupo tres. Ahí estamos nosotras. Este nervio me remonta a cuando tenía 12 años, la primera vez que volé en un avión; pero ahora es distinta la razón que causa el sentimiento. No es el vértigo de volar, no es el miedo a morir: es emoción pura, porque uno de mis principales sueños se convertirá realidad el momento en el que ese avión encienda motores. 

Tranquila... Ya estando en el aire, todo se va, excepto ese apetito reprimido, y lo único que me preocupa es comer. Contra todo pronóstico, la comida no fue tan mala, y no hay nada que una cerveza no mejore. Intento dormir para no tener problemas con el jetlag. Imposible. Leo y releo un ejemplar de la revista de la aerolínea: artículos que en la vida usarás, pero consideras comprarlos porque "son lindos". Intento dormir... Y cuando Morfeo por fin se digna a escucharme, ponen la película de Ender's Game; ya la he visto antes, pero encuentro la trama fascinante, y ahuyento el sueño para verla (Lean el libro, se comprende a mayor escala el verdadero conflicto... como cualquier película basada en un libro... PERO, a mi me cambió leerlo). Terminada la película, mis ojos se cierran y cuando menos me doy cuenta, he viajado en el tiempo. 
  

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