sábado, 15 de marzo de 2014

Torrelavega.

Despierto tarde porque... ¡Pues es fin de semana! Hay que aprovechar. Para la una y media ya estoy lista para lo que sea que vaya a hacer el día de hoy; a Lilián se le ocurre una genial idea: hay que ir por una malteada. Suena loco considerando el clima de aquí, pero antojo es antojo, así que le preguntamos a David dónde podríamos tomar una malteada. ¿Pero que es malteada? nos dice él... Una bebida a base de helado. ¡AH, BATIDO! Ok... tendremos que buscarlo por ese nombre. Antes de irnos, David nos dice que él, Jaime y Rico irán a Torrelavega para hacer despensa en un mega super llamado "Mercadona". Nuestra ida al pueblo será corta, así que llegaremos a tiempo para un pequeño viaje en carretera.

Emprendemos nuestra búsqueda hacia el pueblo; nos detenemos en cada lugar posible y en ninguno sirven "batidos". Nuestros corazoncitos se rompen, pero decidimos alegrarlos yendo a un bazar que se pone en el parque principal de San Vicente: ropa, zapatos, bolsas, charcutería y otros alimentos. Paramos en un carrito donde venden panes artesanales, y mis ojos se detienen en una bolsa de galletas de chocolate... Pero ahí no termina: son galletas de chocolate, con base de cobertura de chocolate, chispas de chocolate y trozos de avellana... ¡PERO ESPEREN! Ahí no termina. Al morderlas, se encuentran rellenas ¡De más chocolate! Si existe un cielo dela gula, esas galletas deberían ser la botana de todos los días. Y no puedo dejar de comerlas, pero tengo que guardar unas pocas ya que prepararemos chocolate caliente. En lo que las comemos, llegan Jaime y Rico, listos para su día de compras, y subimos al carro de David en marcha. 

Gran tramo es sólo carretera, pero cuando leemos el letrero de "Torrelavega" me emociono: me gusta conocer lugares nuevos, por más pequeños que sean; junto a ese letrero, se indica la entrada que debemos tomar para llegar directo al supermercado. Ha sido rápido llegar ahí, y bajamos, los chicos con lista en mano. Entramos y, aunque no es enorme, tiene ascensores para los carritos (que modernos). Subimos a Mercadona y, aunque no es tan grande, hay mucha variedad. Me compro una coca cola ¿Porqué no? Y miro un poco lo que se puede encontrar. Los chicos ya llenaron el carrito y corren las apuestas ¿Cuánto gastaron? Al final, es una cifra decente, y todos felices subimos las cosas al carro. No sé de quién es la idea, pero vamos ahora en búsqueda de los arcos dorados. Sip... McDonald's. Y a Lilián se le ocurre que deben vender malteadas... Pues no, y ella se pone triste, pero yo me pido una cheeseburger, y más la coca... Soy una Haba feliz. Continúo con la fotografía en movimiento, y me divierte. Llegamos a casa de los chicos, los ayudamos a bajar sus compras y los despedimos. Llegamos y lo único que queda es lavar ropa, leer un rato y a la cama, a seguir disfrutando el fin de semana.

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