Hoy el calambre me ha despertado. No... cualquier otro día menos éste: hoy iré por primera vez al restaurant, a conocerlo, a comenzar a trabajar. Seis de la mañana... Puedo dormir un poco más... Por favor.
Ahora si, es hora de que despierte... Un, dos, tres por el sol que se ha escondido detrás de esa enorme cortina de niebla; lo que indica una cosa. Frío. Hay que vestirse y arreglarse para dar una caminata y llegar al restaurant; se encuentra a un kilómetro de nuestra casa, pero no se siente la distancia por el paisaje que se puede disfrutar. Camino con dificultad, pero hay que avanzar. Al llegar, nos saluda Elsa, y nos da un recorrido por Annua; ya había caminado hacia el rompeolas unos días antes, pero hasta hoy he entrado. Las vistas son inolvidables, ya sea soleado o con neblina. Nos sentamos con Elsa un rato, a platicar sobre la dinámica de Annua y Nácar, ambos restaurantes del Chef Óscar Calleja. Es sabido que por su reputación debemos dar el 1000% de nuestra capacidad, pero Elsa hace hincapié en ello... Y estoy dispuesta al reto. Nuestra primer actividad es leer un dossier sobre el servicio en Annua y Nácar, los eventos y la carta del año pasado, para que veamos en qué consisten los menús que el Chef Calleja y su equipo desarrollan. Nos cita para el día de mañana, y revisar dudas. Tengo que ser honesta: me bastó con conocer el complejo para enamorarme y darme cuenta que estoy en el lugar correcto.
Una vez repasado lo principal, es momento de partir para estudiar el dossier. Primero preparamos comida y comemos todos, como familia; pero en cuanto termina la comida, mi cuerpo me pide reposo, y duermo varias horas. Al despertar, me entrega Lilián mi juego de copias (las copias más caras del mundo, pero debía hacerse). Las reviso un rato, pero estoy agotada y regreso a la cama. No ha sido un día largo para mi, pero me he inyectado de una emoción y ansiedad de trabajar... Seré pez en el agua, de eso estoy segura.
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